Las Fuentes de Tuéjar

Carlos A El Terrao Comentar

El agua corriente, algo tan corriente como el agua en casa, no era lo más corriente a principios del siglo XX en Tuéjar, bueno, ni en Tuéjar ni en casi ningún pueblo. El abastecimiento se hacía por dos procedimientos: o bien se le compraba a los aguadores que la traían de fuentes o manantiales o se iba directamente con la caballería y los cántaros hasta el río, fuente o manantial más próximo para acarrearla hasta casa.

Además de la paliza que era el llegarse hasta el punto de agua más próximo, pongamos por caso desde la Plaza hasta La Rocha la Fuente podía ser entre la ida y la vuelta más de media horica y eso que por aquellos años el tiempo como que no pasaba tan deprisa ni se tenía tan en cuenta. Ya no digo nada de irse a la Fuente del Sar o a la Cueva de las Palomas, “pa qué las prisas”. Pero es que además de eso, digo, estaba la cuestión sanitaria y es que, en especial en el verano, las enterocolitis que dirían los finolis iban que volaban y la gente se iba por la pata abajo ya no solo por lo que pasaba en Europa con la Primera Guerra Mundial sino que se iba en aguas por las pocas condiciones higiénicas de aquellas aguas que se tomaban de lugares frecuentados por ganados, pollinos, y otros semovientes.

¿ Cómo llegó Tuéjar a tener suministro de agua potable para sus habitantes?

El caso es que el problema de la traída del agua lo solucionan echando mano de D Ramón Villanueva, hombre ligado a Tuéjar, ayudante de ingenieros pero que sabía tanto o más que los ingenieros, que decían los de aquí, y para resolver el problema económico, unos cuantos vecinos, se ponen manos a la obra, como se cita en este contrato del 13 de Abril de 1914:

José Martínez Asensio, Fernando Illueca Solaz, Agustín Vicente Tarazón, Mariano Illueca Varea, Timoteo Cubel Moreno y Manuel Izquierdo Varea, todos mayores de edad, labradores, casados a excepción de Timoteo que lo es viudo y vecinos de esta villa y Don Ramón Villanueva Moreno, soltero, mayor de edad y vecino de Valencia, antes los testigos que al final se expresarán entablan el presente contrato que lo basan en las siguientes condiciones:

1, El D. Ramón Villanueva se compromete a instalar cinco fuentes en los sitios que oportunamente se determinarán y una distinguida en la Plaza Mayor de esta villa.

2. La toma de dichas aguas será del Plantío o Azud de este término conducida por tubo de acero asfaltado de diez centímetros de diámetro interior hasta San Juan en cuyo punto construirá un depósito para alimentación de la bomba que movida por un motor eléctrico, la elevará a otro depósito para abastecimiento de la población y se instalará en la partida de la Masadilla de donde partirá el agua para dichas fuentes.

3. Todos los gastos que se originen hasta la terminación de dichas fuentes así como también los que originen dos abrevaderos que igualmente construirán uno próximo a la casa de Diego Moreno Fiquete en la calle de las Ventas y el otro próximo a la casa de Antonio Solaz Ramos calle Tras el Mesón, serán de cuenta del referido D Ramón

Los seis primeros componentes se obligan a satisfacer al precitado D Ramón Villanueva para los gastos que originen las fuentes antes dichas ya sean de materiales o de lo que fueren la cantidad de treinta y seis mil doscientas cincuenta pesetas en la forma siguiente: una sexta parte de la precitada cantidad, al dar principio a los trabajos de instalaciones, otra sexta parte dos meses después de terminada la instalación de las fuentes, otra sexta parte al cumplir el año del plazo anterior

y las otras tres sextas partes restantes a los dos, tres y cuatro años respectivamente a contar desde la tercera o sea, una parte cada año pasado que sea el abono de la segunda sexta parte hasta completar el importe total de las obras.

El referido D Ramón se obliga a todas las reparaciones que se originen por su uso propio hasta el vencimiento o entrega del último plazo no respondiendo de todas aquellas ocasionadas por fuerza mayor.

Al cumplimiento del presente contrato todos los componentes obligan sus bienes presentes y futuros y en cuya conformidad extenderán el presente por duplicado y firmarán con los testigos Francisco Agustín Lance y Felipe Martínez Madrid, ambos mayores de edad , casados y vecinos de la villa de Tuéjar a trece de abril de mil novecientos catorce

36250 pesetas en seis plazos, a unas seis mil por plazo y con un periodo de pagos de unos tres o cuatro añicos entre pitos y flautas. Si hoy en día nos dijeran de pagar alrededor de unos 200 euros por la traída del agua potable nos entraría la risa floja y nos entraría la risa histérica si encima nos lo permiten en plazos de 30 y pico euros al año. Pero claro, en 1914, seis mil pesetas eran un fortunón y 36000, todo un tesoro.

Es de admirar el documento administrativo creado por Francisco Agustín, que es un contrato, sencillo, claro, y concretando los detalles más significativos de una manera espléndida. Posiblemente hoy serían pertinentes cien folios de bazofia burocrática para el contrato, proyecto, finalidad, impacto ambiental, bendición ecologista, transparencia administrativa, y vaya usted a saber cuántas memeces más.

Ahí no necesitaban más que los datos primordiales de los contratantes, y qué se iba a hacer, cuánto se iba a pagar y cómo. Sencillamente magistral.

La Fuente de la Plaza

Fuente de la plaza de Tuéjar, inaguración

El caso es que en 1915, como se ve en la imagen, la Fuente de la Plaza, la más vistosa, ya quedó inaugurada. No tengo datos para saber si las otras ya estaban también o no terminadas; pero lo que si queda claro es que para llevar el agua hasta ella tenían que estar los dos depósitos, y la conducción desde el Azud hasta el pueblo. La Plaza, el centro del pueblo, a partir del 15 tenía otro motivo para ser el epicentro de la localidad, la fuente. Naturalmente la fuente venía a ser ya no solo el distribuidor de agua sino el Internet, la tele, todas las revistas del corazón y la prensa de la época. Lo que no se “cascara” en la Fuente, es que no era noticia. Si a eso le añadimos que era el lugar de Mercado, que estaba la Iglesia Parroquial, el Ayuntamiento y que en sus proximidades existía el único bar de la época, el de la Tía Petra, pues ya ni te cuento. La Plaza, era mucha Plaza.

Me llama la atención lo arriesgados que eran los habitantes aquellos para llevar a cabo las obras de esta envergadura. Hoy en día si no hubieran contado con catorce subvenciones, ocho Consellerías, mil proyectos y seis mil presupuestos no se hubieran decidido a pedir ni tan siquiera el crédito. En aquella época, los tenían bien puestos, naturalmente porque la necesidad crea virtud y si no se “tiraban p’adelante” podían esperar sentados. Pero es de admirar con qué sencillez, sobriedad, valentía, y caballerosidad se metían en un proyecto como ése.