Historia de la Villa de Tuéjar por Francisco Castellano, el tío paco

Historia de Tuéjar – Capítulo 3

Carlos A El Terrao Comentar

Aquella biblioteca

No es una casualidad que el tío Paco Castellano (le quitaré ya lo de “el tío Paco, el Castellano porque la gente de Tuéjar lo conocía más así: el tío Paco Castellano), bueno pues  no es casualidad que el tío Paco Castellano iniciara su obra con una mención a la biblioteca y a su “alma máter” don Manuel. Lo hizo a posta, a conciencia, “con todas las de la Ley”. Él sabía que no había habido otra figura  nacida en Tuéjar tan notable.

La descripción es casi un acta notarial del acontecimiento y lo narra como si hubiera ocurrido aquella misma mañana. Si uno lo lee con detenimiento casi que puede notar el frío en el rostro de aquella mañana, el olor a humo de las chimeneas, el ruido de las campanas en los toques de las horas y el murmullo de las gentes cuando por entre medio avanzaban las figuras de los notables personajes: don Manuel, doña Rebeca, el alcalde, el tío Manuel el practicante, los curas y obispos que al olor del acontecimiento se acercaron, y otras personas que habían llegado de la “capital” y de Madrid.

Como observarán se nos da el detalle de las colecciones y de otros pormenores del nacimiento de la misma. Hoy en día algunos de aquellos libros han desaparecido entre las brumas. Afortunadamente no han llegado a desaparecer todos y se han reunido en lo que es el Museo “Manuel Aguilar”, en la planta superior de la biblioteca y gracias al esfuerzo de varias personas, se ha podido recopilar un excelente material que allí se expone

En el final de este acta notarial da cuenta también del fallecimiento de don Manuel como triste noticia que cierra el capítulo y que deja como entre líneas el presagio de que se queda desvalida su obra digamos social para el pueblo.

Seguramente al tío Paco Castellano y al mismísimo don Manuel les costaría si volvieran a este valle de lágrimas entender el porqué de aquel  furor por los libros y  aquella ilusión por tener la mejor biblioteca de la contornada se había ido difuminando.

En fin las tendencias actuales, los “inventos”, el ritmo de vida, los cambios de gustos y los diferentes intereses han hecho desaparecer casi el gusto por sentarse en un recinto sosegado, silencioso y con ese característico olor a libro que es una biblioteca. Y es una lástima porque quien lo prueba, quien lo degusta, quien lo saborea, no lo cambia por el libro electrónico ni por los otros medios de información; pero bueno, éste es ya otro asunto.