El día de todos los santos en Tuéjar

La gran familia

Carlos A El Reboste Comentar

En 1962, Fernando Palacios dirigió esta película con un plantel de actores que para sí quisiera Hollywood. Era la idealización de la familia en aquella España, cierto; pero esa deformación de la realidad era mucho menor que la que la gran mayoría de filmes actuales hace de la sociedad; pero ese es otro tema.

Al hablar de “gran familia” no me refería a lo anterior, a la peli; sino a la sensación que se tiene al pertenecer a un pueblo, a una comunidad pequeña en número. El contacto diario con las gentes de un mismo territorio hace que la relación entre nosotros sea casi familiar. La cosa se acentúa en determinadas ocasiones: festejos, celebraciones sociales, religiosas, etc. Hay algunas donde la potencia eleva mucho su exponente, por ejemplo: el día de todos los santos.

Es un día depre y tristón hasta el extremo. A media mañana, más de medio pueblo, más de la mitad de la familia, se reúne en el Cementerio Municipal. La frase más repetida es la misma desde hace decenios: “Mira, aquí a hacer la visitica”. Es curioso el comportamiento del personal. Todo el mundo va a ver a sus muertos, pero pasando por todos los demás y recordando nombres, hechos, anécdotas, recuerdos en general; que son como una red en la que todos los presentes en el camposanto están o estamos atrapados. En resumen, los muertos, nuestros muertos, son muertos de todos en mayor o menor medida.

Depre aparte, sensación de tristeza aparte, uno nota que es un día en el que la gente se manifiesta más apiñada que de costumbre y en el recorrido entre tumbas y nichos hay saludos, recuerdos, frases de reencuentro y en suma se siente esa sensación de pertenencia a una gran familia.

Desgraciadamente, como muchas otras costumbres autóctonas, ésta del día de todos los santos también tiene trazas de que se perderá y el caminico que llevamos es el de que se cambiará por cuatro calabazas con velas en su interior y disfraces cada día más siniestros y extravagantes que no significan nada, no recuerdan a nadie y no son más que el reflejo siniestro de la tendencia de la sociedad al absurdo.

No obstante y, como un servidor es de los de todos los santos, desde aquí un recuerdo a todos los que ya se han ido de la gran familia y que están en el cementerio. Con ellos sí que hemos compartido recuerdos y vivencias; no calabazas.