Tuéjar en Fiestas. Año 1969

Carlos A El Cuarto de las Manzanas Comentar

Fiestas en diciembre del 69. Mediados del siglo pasado. Para los que no han conocido aquellos años resultará un programa de fiestas poco atractivo. Misas y procesiones en abundancia. Pero, pasando por encima de la “paja”, llegaríamos al “grano” y nos daríamos cuenta de no ha cambiado tanto el modo de divertirse de la gente. Hay muchas cosas que coinciden en los gustos a la hora de programar las fiestas.

Actos y celebraciones

El “Entramoro” al que en el libro se llama “Encuentro de comparsas Mora y Cristiana” es un clásico. Su origen es remoto y afortunadamente en las Fiestas Gordas aún se mantiene.

Los conciertos de la Banda se siguen ofreciendo como en el sesenta y nueve. En la Plaza, después de la misa mayor de cada uno de los días de fiesta.

La “Rodá de la Bandera” es otro de los actos tradicionales que vienen de muy lejos en la historia de las fiestas.

Algunos concursos como el del Tiro al Plato se siguen manteniendo

Y naturalmente las competiciones deportivas.

Eso sí, se trata de otra época, ni mejor ni peor; simplemente distinta en donde las competiciones deportivas se podían celebrar en la mismísima carretera, enfrente de la escuela; en la que hay una misa a las ocho de la mañana con “comunión general”; los partidos eran exclusivamente de fútbol, la verbena era sólo el día grande de las fiestas por la noche y los castillos de fuegos artificiales eran “bonitas tracas de colores”.

Eran fiestas más dirigidas a la gente del pueblo que al “turismo”. Se llevaban a cabo en diciembre, mucho frío, pocas horas de luz.

Los artículos

El libro de fiestas recoge una serie de artículos que tienen todos un denominador común: el asociacionismo ciudadano. Son años en los que el desarrollo ha llegado a las ciudades pero no así a los pueblos y si encima son pueblos de montaña, aún menos. Se ponen en marcha los “Teleclubs” y se fomenta el deporte y las instalaciones deportivas. Visto desde nuestra época resulta poco atractivo pero piensen que la televisión en aquellos años era un sueño para la mayoría de los ciudadanos. Les pongo un ejemplo sencillo; una tele, el aparato simplemente sin contar instalación, venía a costar unas 9.000 pesetas y un sueldo medio en una ciudad venía a rondar entre 600 y 1.000 pesetas de la época, vamos que era una pasta. Así que era frecuente en las ciudades compartir con los vecinos de la finca la misma televisión en los horarios punta e incluso en algunos casos a cambio de una pequeña “entrada voluntaria”. Creo que entenderán que para un pueblo como Tuéjar en donde nadie tenía aparato de televisión, el tener un centro con uno de ellos para poder compartir películas, información, diversiones, etc., era algo novedoso y singularmente importante. El control del Teleclub lo ejercía el párroco que además tenía gran destreza para ganarse al personal y por tanto era el “alma máter” del asociacionismo en Tuéjar. Había conseguido hacer una piscina en la Ermita y la juventud del pueblo lo admiraba, así que el Teleclub era junto con el deporte los dos pilares de las asociaciones juveniles entonces.

Es triunfalista el artículo que firma el párroco en el libro de fiestas. En él pinta un idílico pueblo modernizado en la última década y es cierto. España en los sesenta se moderniza en su conjunto y Tuéjar no iba a ser una excepción. También es cierto que esa modernización cambia costumbres y que aparecen en el pueblo los tractores, los electrodomésticos y que la mejora de los transportes, las carreteras y la motorización de la sociedad hace llegar los turistas – a quienes algunos tuejanos llamaban con cierta desconfianza “forasteros”-. Pero no muy exacto que la población de Tuéjar aumente en aquellos años; ya se notaba el éxodo a Valencia, Madrid y Barcelona. Pero bueno, el artículo está lleno de optimismo que es el ingrediente que hay que usar llegadas las fiestas gordas; no vamos a ser muy intransigentes.

Don Teodoro

Don Teodoro, don “Tedoro” para muchos tuejanos, representa un poco esa intransigencia ante los cambios sociales y culturales que se estaban ya produciendo en la España de los sesenta y setenta. No hay que ser severo y calificarlo de “carca”, “ facha”, “retrógrado” o cosa por el estilo; sino simplemente intentar entender que para las personas que como él tenían una convicciones muy afianzadas, cualquier cambio era un peligro. Don “Tedoro”, como todo “quisque”  tenía sus luces y sus sombras; pero sus convicciones las mantuvo hasta el final de sus días.

El Tío Victorio

El tío Victorio fue sin duda una de esas personas irrepetibles. Pastor desde chavalillo fue con sus ganados por todo el término municipal durante décadas. Con los hielos del invierno y los calores sofocantes del verano tuvo la necesidad de conocer los refugios y las fuentes para sobrevivir a las frías noches y a la sed del monte en verano. Naturalmente toda esa experiencia no se debía perder y no se perdió porque escribe un genial artículo en el que identifica cuevas, simas, fuentes, montes… vamos que era un mapa viviente el hombre. Su sabiduría fue luego aprovechada por ingenieros forestales, topógrafos, etc. Este hombre en el monte era capaz de encontrar cualquier recóndito lugar sin dudar en el recorrido y eso, para los que alguna vez hemos ido al monte, es mucho más complicado de lo que parece.

El tío Paco Castellano

El tío Paco Castellano fue otro de los grandes hombres que hubo en el siglo XX en Tuéjar. Ha pasado muy desapercibido para la historia del pueblo igual que otros grandes hombres; pero bueno, aquí estamos ahora en el XXI para prestigiarlos como se merecen y a ello vamos. El tío Paco Castellano nos ofrece una crónica de la inauguración de la Iglesia Parroquial que es de lectura obligatoria. Nos mete en un túnel del tiempo que nos transporta hasta el siglo XVII como si nada. Léanla porque no tiene desperdicio y porque está tan bien escrita que multiplica su valor de testimonio histórico con el valor literario. ¡Grande, tío Paco Castellano!