La marea azul

Carlos A El Cuarto de las Manzanas Comentar

Han pasado ocho años y van para nueve desde aquel julio del 2010. Eran las Fiestas Gordas. Había alegría económica en España y la burbuja aún no había estallado. Se podía pedir y se recibía. Y en aquel ambiente de optimismo se había conseguido una pasta para arreglar la Iglesia.  Se trataba de celebrar tanto el arreglo hecho como recaudar fondos para poder devolver el dinero prestado por bancos y otras entidades.

Allá por abril del 2010 se había vaciado la Iglesia y retablos, imágenes, adornos, bancos y demás contenido se había dejado a buen recaudo en diferentes “refugios” temporales. En Julio, cuatro meses escasos después, don Francisco, el párroco, dio la orden de reponer de nuevo en su sitio todo aquello que en su día había salido.

Tractores, furgonetas, coches, manos y más manos salieron voluntariamente y en pocas horas aquella iglesia recién restaurada se cubrió de nuevo con su contenido.

Pocas veces en la vida del pueblo se había vivido la solidaridad de aquella manera. La gente participó de forma masiva y poco importaba si se tenían o no convicciones religiosas. Era el bien común y el sentido común los que llamaban a la puerta.

Para celebrar el éxito de aquella “operación Iglesia”, llamémosla así, y para recaudar fondos para pagar tanto crédito como se había tenido que pedir se organizó en julio de 2010 una cena.

Se pagaba una pequeña cantidad y por ella se recibía el bocata y una camiseta azul con la imagen de la Purísima. La cena se celebró en la plaza del mercado y, como se puede ver en el vídeo fue todo un éxito.

Con tanta camiseta azul y con tanta solidaridad a flor de piel, aquello pasó a la pequeña historia de Tuéjar como La Marea Azul.

Hoy, ocho años después, algunos de los tuejanos que aparecen en las fotos ya no están, los más jóvenes no lo recuerdan y sin la ayuda de las imágenes, la memoria flaca nos dejaría el recuerdo en una pequeña anécdota; así que he pensado que para esta inauguración de la Tuejanica es acertado volver a recordar un hecho que pasó a la historia de nuestro pueblo y que no debe caer en el olvido.